Calma y Conciencia
Parar. Observar. Comprender.
Prácticas, textos y preguntas para observar con más atención lo que vivimos y comprender mejor nuestra propia experiencia.
I
Practicar
Volver al cuerpo, a la respiración y a la experiencia presente. Prácticas sencillas para entrenar la atención y observar con mayor claridad lo que está ocurriendo.
II
Reflexionar
Detenernos a pensar despacio. Textos que invitan a mirar nuestra experiencia, nuestras relaciones y nuestra forma de vivir con mayor atención y profundidad.
III
Indagar
Hacernos preguntas que permitan mirar más allá de nuestras primeras respuestas. Una invitación a explorar creencias, juicios, patrones y formas habituales de interpretar lo que vivimos
Prácticas
¿Cuánto de este momento estoy realmente viviendo?
Una práctica para observar cuánto estamos presentes y cuánto permanecemos atrapados en pensamientos, recuerdos, anticipaciones o distracciones.
Volver al centro
Una práctica para detener la inercia, volver al cuerpo y recuperar contacto con lo que está sucediendo aquí.
Parar
Dejar de hacer durante unos minutos y observar qué continúa haciendo la mente cuando el cuerpo se queda quieto.
Reflexiones
El juicio automático estrecha la mirada
¿Cuánto añadimos a lo que sucede cuando juzgamos? Observar ese mecanismo puede abrir una forma diferente de mirar.
¿Dónde estás cuando caminas?
Podemos desplazarnos de un lugar a otro sin estar realmente allí. Una pregunta sencilla para explorar dónde está nuestra atención.
El autoconocimiento: de la personalidad a la recuperación de nuestra esencia
¿Somos únicamente la historia, los rasgos y la imagen que hemos construido de nosotros mismos? Una invitación a mirar un poco más profundamente.
Último artículo
-
El desierto eres tú

Hay muchas formas de meditar, muchos tipos de meditaciones que vienen traídas de las antiguas tradiciones contemplativas.
La manera en la que yo suelo meditar consiste en ir dejando pasar cualquier pensamiento.
Pero, ¿qué sucede con la práctica cuando llevas tiempo meditando de esta manera?
Sucede algo curioso.
Lo que vas dejando pasar, al dejar pasar los pensamientos es también tu propia vida.
Tus asuntos.
Las personas cercanas.
Las tareas pendientes.
Los recuerdos.
Los planes.
Tus referencias habituales.
Todo aquello que habitualmente usamos para saber dónde estamos, qué estamos haciendo y quiénes somos.
Y entonces aparece un tiempo que ya no es tiempo porque, en ausencia de pensamientos no hay tiempo, no hay duración.
Y lo que queda eres tú.
Tú, en algo parecido a un desierto.
Probablemente la meditación, cuando alcanza un determinado nivel de absorción, es algo similar a permanecer en un desierto.
Y el desierto no siempre resulta agradable.
Puede resultar aburrido y no hay cosas a las que agarrarse.
Además, tenemos en nuestras manos la posibilidad de abandonarlo en cualquier instante. Basta con seguir un pensamiento.
Recordar algo.
Pensar en lo que haremos después.
Imaginar una conversación.
Volver a un problema.Y, de repente, estamos otra vez en nuestra vida conocida, rodeados de nuestras referencias habituales.
Por eso resulta tan tentador salir del desierto.
Nos gusta tanto el estímulo.
Pero entonces, ¿por qué meditar? ¿Por qué permanecer ahí? ¿Qué se busca en un desierto?
Mi respuesta sería esta:
nada.
Porque ese desierto eres tú.
Es tu verdadera casa,
tu verdadero hogar.Y luego, fuera de la práctica, permanece algo de ese desierto como un sabor a ti mismo que está siempre, que te estabiliza, que te fundamenta.
Un suelo firme sobre el que siempre, en cualquier situación, sentir que pisas.
Preguntas para detenerte
¿De qué depende, para ti, sentir que vales?
¿Qué es lo que de verdad sabes de tí?
¿Desde dónde estás mirando lo que te ocurre?
Gracias por detenerte aquí
Puedes seguir explorando a tu ritmo: escuchar prácticas, leer nuevas reflexiones o escribirme si quieres compartir algo o hacer una consulta.